Y son los gestos del amor, esa dulce pasarela de caricias, esa galería de aromas y canciones y te quieros. Ese acto de saltar, de girar un picaporte, el acto por el cual todo puede transformarse, eso que debería cumplirse en cada vida y en cada persona. Y es que todos merecemos enamorarnos y ser felices y enamorarnos de nuevo día a día. Es tan perfecto y simple el molde de lo que puede llegar a ser y resulta que las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que creemos poder hacer a cada momento.
Y es también, que el tiempo se mide hasta que llega al corazón y ahí ya no vale, falta, penal y tiempo fuera, todo junto. No se cumple la física y la mente no entiende que esta pasando con el cuerpo y simplemente somos -y sos-. Y también es la vida la que nos ve y se ve a sí misma aunque queramos ser siempre protagonistas. No comprendo porque lo verdaderamente nuevo da miedo o alegría o todo y nada a la vez. Solo se que quiero saltar, girar la perilla pero hay una soga que me mantiene de este lado y vos estas del otro y te intento gritar y me confundo las palabras y mi lengua se enreda y solo fantaseo con el placer de conocerte un poco más y te confieso que no se disimular y se que lo inesperado acaba en costumbre cuando se convive con ello pero es que no me acostumbro a mirarte y a relajarme y a sentir que me encanta tu simpleza, tu ternura y tu mirada, tu, vos -tu voz también es muy dulce-, nosotros.
Y es que detrás de este pequeño resumen, de esta instantánea de sentimientos, tiembla la vaga esperanza de que me leas y de que no mueran estas emociones en una carta antes de que vaya a la calle, ponga música y me olvide por un rato de quien soy.
Y es también, que el tiempo se mide hasta que llega al corazón y ahí ya no vale, falta, penal y tiempo fuera, todo junto. No se cumple la física y la mente no entiende que esta pasando con el cuerpo y simplemente somos -y sos-. Y también es la vida la que nos ve y se ve a sí misma aunque queramos ser siempre protagonistas. No comprendo porque lo verdaderamente nuevo da miedo o alegría o todo y nada a la vez. Solo se que quiero saltar, girar la perilla pero hay una soga que me mantiene de este lado y vos estas del otro y te intento gritar y me confundo las palabras y mi lengua se enreda y solo fantaseo con el placer de conocerte un poco más y te confieso que no se disimular y se que lo inesperado acaba en costumbre cuando se convive con ello pero es que no me acostumbro a mirarte y a relajarme y a sentir que me encanta tu simpleza, tu ternura y tu mirada, tu, vos -tu voz también es muy dulce-, nosotros.
Y es que detrás de este pequeño resumen, de esta instantánea de sentimientos, tiembla la vaga esperanza de que me leas y de que no mueran estas emociones en una carta antes de que vaya a la calle, ponga música y me olvide por un rato de quien soy.