14 noviembre 2017

En nuestra azotea

Se confundían los sueños de vernos abrazados en nuestra cama mientras nos sumergíamos en profundas quimeras. Las estrellas nos miraban absortas cuando nos reíamos de lo ínfimos que éramos en este eterno -y uso esa palabra porque estimo que te gusta- universo. Los ojos en el cielo no terminaban de comprender cómo es que la vida nos había puesto en esa esa azotea para que nos preguntemos por qué es que coincidimos si era tan grande el mundo que habitábamos.

Y, aunque distanciados esa noche, existía cierta tensión implícita que nos entrelazaba en lo más profundo de nuestro silencio. La melodía decoraba el pesado aire que nos rodeaba y la respiración contenida ornaba la apacible noche. En ese momento entendí que estar a milímetros de alguien no garantiza que sus almas rocen y, que estar a pocos metros, no evita que los pensamientos hablen y tengan una conversación fugaz cuando se intercambian miradas.

1 comentario: