Me resulta fascinante como una mujer que no ha puesto ni un solo dedo en mi, ramifique caminos literarios de tal forma. Como un sentimiento tan subrepticio puede aflorar apaciblemente de un corazón sumergido en un completo caos. ¿Y que es el caos? Dirías. Un estado en el que me encuentro gracias a ti. No me mal interpretes, la vorágine interna por la cual estoy transitando, parece de lo mas mundana en estos tiempos. Enormes gentíos vagando de un lugar a otro, colapsando de amor o, porque no, de desamor. La ambigüedad de visualizarte completamente y, al mismo tiempo, no tener la mas remota idea de quien se encuentra tras ese velo de misterio, detrás de esa perfecta y dulce fragancia, no hace mas que transformarme en alguien terrenalmente distinto. Conocer al amor lleva tiempo, dicen. El dilema, radica en que te vas transformando en el parámetro. En el patrón. Tu sonrisa, metamorfosea y reduce todo mi universo a un minimalismo que gobierna únicamente tu ausencia. Las figuras mas abstractas y las notas mas complejas, van tomando la forma de una sonrisa que, en pos de ganar un duelo inexistente, invente.
Se algunas cosas de la vida, poco del amor y nada sobre ti. Pero el simple hecho de imaginarte imperfectamente ideal, me motiva. Me eleva y me hace flotar en un profundo mar de placer. Deseando impacientemente nuestro encuentro y, esperando, no echarlo a perder. Siempre tuyo.
Al amor de mi vida