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08 diciembre 2017

Epítome barata

Y son los gestos del amor, esa dulce pasarela de caricias, esa galería de aromas y canciones y te quieros. Ese acto de saltar, de girar un picaporte, el acto por el cual todo puede transformarse, eso que debería cumplirse en cada vida y en cada persona. Y es que todos merecemos enamorarnos y ser felices y enamorarnos de nuevo día a día. Es tan perfecto y simple el molde de lo que puede llegar a ser y resulta que las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que creemos poder hacer a cada momento.

Y es también, que el tiempo se mide hasta que llega al corazón y ahí ya no vale, falta, penal y tiempo fuera, todo junto. No se cumple la física y la mente no entiende que esta pasando con el cuerpo y simplemente somos -y sos-. Y también es la vida la que nos ve y se ve a sí misma aunque queramos ser siempre protagonistas. No comprendo porque lo verdaderamente nuevo da miedo o alegría o todo y nada a la vez. Solo se que quiero saltar, girar la perilla pero hay una soga que me mantiene de este lado y vos estas del otro y te intento gritar y me confundo las palabras y mi lengua se enreda y solo fantaseo con el placer de conocerte un poco más y te confieso que no se disimular y se que lo inesperado acaba en costumbre cuando se convive con ello pero es que no me acostumbro a mirarte y a relajarme y a sentir que me encanta tu simpleza, tu ternura y tu mirada, tu, vos -tu voz también es muy dulce-, nosotros.


Y es que detrás de este pequeño resumen, de esta instantánea de sentimientos, tiembla la vaga esperanza de que me leas y de que no mueran estas emociones en una carta antes de que vaya a la calle, ponga música y me olvide por un rato de quien soy.

16 noviembre 2017

Algunos paseos

Quizá un paseo sea una ventana a un mundo idóneo, una excusa que nos convence para salir de la rutina y de los problemas que nos surgen. Un punto y aparte fugaz. Una sangría llena de sueños, confesiones personales e idilios. Una mirada al futuro, otra al pasado y la que resta al cielo. Sueños perdidos entre suspiros estrellados. Risas gastando el aire y lágrimas deslizándose por las curvadas mejillas. Quizá, el paseo sea un pequeño paso, un pasito que nos desafía. Una puerta que nos lleva a lo que viene, una jumera de sonrisas infinitas.
Quizá sirva para encontrarnos con señales que si bien, podríamos explicar, preferimos dejarlas en lo inconexo, en lo sobrenatural, en un escalofrío y en humedad en los ojos. Me gusta pensar que es la vida que nos invita a dar un salto cerrando los ojos y abriéndonos un camino de nuevas emociones. Me gusta pensar que, cansada de vernos luchar, nos empuja a sonreír un poquito más que ayer.

15 noviembre 2017

Instrucciones para olvidar

Acuéstese en la cama, en lo posible, de costado. No hay preferencia. Derecha, izquierda, da igual. Arrime la mantita hacia su mentón y, aunque suene paradójico, recuerde que es lo que intenta olvidar. Mire hacia usted mismo, recórrase y deje que las tristezas desfilen una por una sobre la oscura pasarela. Cuando sienta que no puede más, contraiga los músculos, acurrúquese y hágase bolita sobre su cama. Achine los ojos y deje fluir los salados recuerdos para que bañen de dolor las mejillas. Si usted es alguien valiente -no es el caso-, usted dejará los ojos al descubierto y sentirá como las gotas se tornan frías mientras más se acercan a la boca muriendo, generalmente, en la parte inferior del labio. Caso contrario, usted con ambas manos tapará su rostro y soltara algún que otro confuso sonido interrumpido por respiraciones entrecortadas. Una vez hecho esto, levantase y lave su rostro. Dependiendo del recuerdo, repita el procedimiento entre dos días y toda su vida.

14 noviembre 2017

En nuestra azotea

Se confundían los sueños de vernos abrazados en nuestra cama mientras nos sumergíamos en profundas quimeras. Las estrellas nos miraban absortas cuando nos reíamos de lo ínfimos que éramos en este eterno -y uso esa palabra porque estimo que te gusta- universo. Los ojos en el cielo no terminaban de comprender cómo es que la vida nos había puesto en esa esa azotea para que nos preguntemos por qué es que coincidimos si era tan grande el mundo que habitábamos.

Y, aunque distanciados esa noche, existía cierta tensión implícita que nos entrelazaba en lo más profundo de nuestro silencio. La melodía decoraba el pesado aire que nos rodeaba y la respiración contenida ornaba la apacible noche. En ese momento entendí que estar a milímetros de alguien no garantiza que sus almas rocen y, que estar a pocos metros, no evita que los pensamientos hablen y tengan una conversación fugaz cuando se intercambian miradas.

24 febrero 2017

Al amor de mi vida

Me resulta fascinante como una mujer que no ha puesto ni un solo dedo en mi, ramifique caminos literarios de tal forma. Como un sentimiento tan subrepticio puede aflorar apaciblemente de un corazón sumergido en un completo caos. ¿Y que es el caos? Dirías. Un estado en el que me encuentro gracias a ti. No me mal interpretes, la vorágine interna por la cual estoy transitando, parece de lo mas mundana en estos tiempos. Enormes gentíos vagando de un lugar a otro, colapsando de amor o, porque no, de desamor. La ambigüedad de visualizarte completamente y, al mismo tiempo, no tener la mas remota idea de quien se encuentra tras ese velo de misterio, detrás de esa perfecta y dulce fragancia, no hace mas que transformarme en alguien terrenalmente distinto. Conocer al amor lleva tiempo, dicen. El dilema, radica en que te vas transformando en el parámetro. En el patrón. Tu sonrisa, metamorfosea y reduce todo mi universo a un minimalismo que gobierna únicamente tu ausencia. Las figuras mas abstractas y las notas mas complejas, van tomando la forma de una sonrisa que, en pos de ganar un duelo inexistente, invente.

Se algunas cosas de la vida, poco del amor y nada sobre ti. Pero el simple hecho de imaginarte imperfectamente ideal, me motiva. Me eleva y me hace flotar en un profundo mar de placer. Deseando impacientemente nuestro encuentro y, esperando, no echarlo a perder. Siempre tuyo.
Al amor de mi vida

24 febrero 2015

Simplemente un beso

Habíamos llegado a la playa. El camino de madera nos dejó a quince metros de la orilla donde nos recostamos. El ruido de las olas nos hundió en un apasionado beso. Mientras nos movíamos, el sonsonete de la arena se había tornado efímero.

Toque su boca con mi mano y, con un dedo, fui dibujándola como si saliese de su cuerpo. Me basto cerrar los ojos para que el mundo fuese un deseo. El universo y yo nos compenetramos. Mis sueños se iban haciendo realidad mientras, en derredor, todo se deshacía. La comisura de sus labios se agrandaba bajo el relieve que dibujaba en su húmeda sonrisa. Su boca se entreabría y ambos suspiros congeniaban confundidos. Nuestros entornados labios se habían convertido en un océano de emociones que batallaban tibiamente mientras, las bocas, se mordían jugando como dos niños lo hacen en un etéreo perímetro. Su suave fragancia se entremezclaba con la mía elevándome por los aires y arrojándome dulcemente hacia la fría arena. Mis manos, se enredaron en su pelo cuando nos besamos apasionadamente. El volátil dolor de su mordida tenia un sabor por demás dulce que me hacia girar y girar en un arremolinante purgatorio de sentimientos mientras, su beso, me acompañanaba de la mano al mismo paraíso.