24 febrero 2015

Simplemente un beso

Habíamos llegado a la playa. El camino de madera nos dejó a quince metros de la orilla donde nos recostamos. El ruido de las olas nos hundió en un apasionado beso. Mientras nos movíamos, el sonsonete de la arena se había tornado efímero.

Toque su boca con mi mano y, con un dedo, fui dibujándola como si saliese de su cuerpo. Me basto cerrar los ojos para que el mundo fuese un deseo. El universo y yo nos compenetramos. Mis sueños se iban haciendo realidad mientras, en derredor, todo se deshacía. La comisura de sus labios se agrandaba bajo el relieve que dibujaba en su húmeda sonrisa. Su boca se entreabría y ambos suspiros congeniaban confundidos. Nuestros entornados labios se habían convertido en un océano de emociones que batallaban tibiamente mientras, las bocas, se mordían jugando como dos niños lo hacen en un etéreo perímetro. Su suave fragancia se entremezclaba con la mía elevándome por los aires y arrojándome dulcemente hacia la fría arena. Mis manos, se enredaron en su pelo cuando nos besamos apasionadamente. El volátil dolor de su mordida tenia un sabor por demás dulce que me hacia girar y girar en un arremolinante purgatorio de sentimientos mientras, su beso, me acompañanaba de la mano al mismo paraíso.

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